12 de junio de 2012

Día 1

No sé quién fue el que dijo que el amor a primera vista no existe. No sé quién fue, pero sí sé que estaba muy equivocado.
Lo primero que vi fue la remera blanca, cuya manga apretaba el termo abajo del brazo. En la otra mano, el mate.
Lo vi y supe que era él, lo estaba esperando desde hacía una media hora, sin saber exactamente cuándo iba a llegar, pero como siempre que esperamos a alguien, más que charlar con mis amigos, ocupé mi tiempo en mirar hacia la puerta unas tres veces por minuto.
Después miré sus ojos. Y ahí me quedé para siempre, en esos ojos verdes, que son todavía más lindos en las mañanas cuando no los puede abrir del todo por la luz que entra por la ventana sin cortinas.
Era uno de los primeros días del otoño, pero el clima soleado y caluroso nos hacía sentir todavía un poco en el verano.
Una mesa larga, con gente de todas partes del mundo, con diferentes lenguas maternas, y la única forma de entendernos entre todos, era hablando inglés.
Y en inglés fueron las primeras palabras que crucé con el artista, cuando lo recibí haciéndole un lugar en uno de los bancos largos de aquella mesa,  -¿Do you speak English?- Le pregunté. -Yes, of course- me respondió con su acento británico que tanto me gusta.

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