Al día siguiente me levanté a desayunar, y mientras tomaba un trago de aquel café sin azúcar, sin avisar, un montón de lágrimas empezaron a salir de mis ojos. Sin decir nada me levanté y me vine a mi cuarto y como si hubiese estado aguantando ese llanto por años, apoyé mi cara en la almohada y decidí dejar que todo saliera.
Esa misma noche me decidí a llamarlo. Le dije que todo lo que le dije había sido una boludez, que se olvidara, a lo que solo me respondió preguntándome cómo había sido mi día. Le mentí, como tantas otras veces, y me despedí con un "nos hablamos".
Al día siguiente le mandé un mensaje invitándolo a la fiesta del amigo de un amigo, pero me dijo que no podía. Sentía que nunca más íbamos a volver a estar como esos primeros dos meses de amistad, y estaba enojada conmigo misma por haberlo arruinado todo.
Esa noche fui sola a la fiesta y fingí la mejor sonrisa toda la noche. A las 5 de la mañana caminé hacia el tren para volver a mi casa, y me acuerdo todavía del dolor en el pecho que sentía con cada paso que daba.
El domingo me desperté y llamé a una amiga para ir al Mercado Navideño. A las 3 de la tarde, caminábamos por la estación, y le pregunté:
-¿Cuándo voy a dejar de estar triste? ¿Cuándo?
-Dicen que la tristeza dura la mitad de lo que duró la relación- me respondió ella
En ese momento, como juego del destino, sonó mi celular, y cuando vi su foto, algo me recorrió el cuerpo, y empecé a temblar, una sensación entre miedo, dudas, alegría. Cortó antes de que pudiera atenderlo, y en seguida volví a llamarlo.
-Hola, ¿vamos al teatro a las 5?
-Dale, vamos- le respondí, sin preguntarle ni siquiera qué íbamos a mirar.
Y nos encontramos en la puerta del teatro, me esperaba solo, con las dos entradas en la mano. "Fleisch ist mein Gemüse" fue la obra, pero tampoco me importaba demasiado.
A la salida, nos tomamos juntos el tren, y yo me bajé antes mientras él seguía a lo de un amigo. Antes de bajarme le conté:
-Mañana voy a cocinar capelettis con carusso.
-Ah dale, voy a tu casa entonces, te llamo mañana.
Nos saludamos con un beso y sentí en ese momento que las cosas sí podrían volver a ser lo de antes.
Ves? Los capelettis con carusso arreglaron todo. Y después dicen que la comida no es la respuesta! (okno).
ResponderEliminarVos sabes, por lo que te conté, que a mí me ocurrió algo similar el año pasado, sólo que no terminó bien. Y ese "cuando voy a dejar de estar triste?" lo entiendo perfectamente.
Besito.