16 de junio de 2012

Lejos empezó todo

Unos días después de haber conocido al artista me fui de viaje a Italia. Por esas cosas lindas de la vida, una amiga de una amiga, tiene un hotel en Milán, más parecido a residencia que a hotel, en el que me quedé los 12 días. Una habitación que en realidad eran dos habitaciones, enormes, incluyendo cocina, living, comedor. Tenía un teléfono, pero no tenía computadora. Decidí no llevarla el día que me iba, en primer lugar porque ocupaba mucho espacio, y en segundo lugar porque tenía ganas de leer y escribir mucho, sacar fotos, caminar, tirarme en el pasto de algún parque a mirar el cielo, desconectarme un poco de todo lo demás.
Pero como siempre, el artista desarma todos mis esquemas. Cada mañana me despertaba sabiendo que iba a tener un mail suyo, y madrugaba solo para bajar a abrir mi correo. Creo que ahí fue cuando se afianzó nuestra amistad. Empezamos con ese ritual que tenemos hasta hoy, de compartir casi todos los días las cosas que encontramos en internet y que creemos que al otro le van a interesar. Ahí empezó todo, en Milán, en la escalera de un hotel, en ese bajar acelerado para leer al artista cuanto antes. Separados por más de mil kilómetros fue que empezó todo. O quizás la noche en que sonó el teléfono de mi habitación, y sorprendida de que alguien me llamara, atendí, y escuché esa voz que me erizaba la piel.
Y así viví el resto de los días, leyendo sus mails en las mañanas y escuchando su voz en las noches.

No hay comentarios:

Publicar un comentario