Abrí los ojos a las 9 de la mañana y vi la cara del artista con los ojos entrecerrados por la luz. -¿No me das un beso de buen día?-, me preguntó. Le respondí con un beso chiquito, de esos que se dan en las mañanas antes de cepillarse los dientes.
En 12 horas nos vamos a París, pensé, y me acordé de las miles de cosas que teníamos que hacer antes de irnos, pero aun así, nos llevó dos horas más levantarnos de la cama.
El resto del día transcurrió entre cocinar, hacer mandados, comprar ropa y besarnos un rato largo en el probador de un H&M.
Las 12 horas de ida hacia París, pasaron como nada, es la ventaja de ser así de chiquita, poder dormir con la cabeza en sus piernas y los pies estirados hacia los otros asientos.
Una vez allá, hicimos lo que más nos gusta hacer, nos dedicamos a sacar cientos de fotos, y a tirarnos en el solcito a abrazarnos un rato.
Los que leyeron Rayuela, sabrán que al final de algunas ediciones del libro, hay un mapa, en donde se muestran los lugares a los que iban juntos Horacio y la Maga, por ejemplo, el Pont des Arts, en donde se encontraron tantas veces "por casualidad". Me sentí la mujer más feliz del mundo cuando parados sobre ese puente nos besamos durante un tiempo que ya no puedo determinar.
Perdiéndonos entre callecitas del París de Rayuela, llegamos a la casa de Morelli, el 32 de la rue Madame, en donde rehicimos la foto que aparece en el libro, "Morelli es un escritor, yo lo conozco, escribe libros". Morelli es el alter ego de Cortázar. A veces siento que el artista y yo somos el alter ego de la Maga y Olivera.
"Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos." fue lo que se me vino a la mente apenas leí esto.
ResponderEliminarY después... nada, supongo que ahora París ya no es sólo París, es PARÍS, no?