24 de septiembre de 2012

no me gustan las sorpresas

A sufrir empecé el miércoles, cuando me dijo:
-No hagas planes para el domingo.
-Bueno, pero ¿por? -le pregunté con mi intriga de siempre.
-Ahh, sorpresa -me respondió, empezando así con uno de esos misterios que a él tanto le gustan.
De más está decir, que le pregunté de todas las maneras posibles que era lo que íbamos a hacer, y aun cuando quise sacarle información disimuladamente, no logré sacarle ni un solo dato.
Ya después de días de sufrimiento, el sábado de noche me enteré de que teníamos que madrugar. Me hizo poner la alarma a las 6 de la mañana. Un domingo a las 6 de la mañana, espero que valga la pena, pensé.
A las 6:24 sonó la alarma por última vez, y en nuestra dificultad por despertarnos, el artista la apagó sin querer. A las 7 nos despertamos, de casualidad, y nos aprontamos lo más rápido que pudimos, porque a las 8 teníamos que estar en la estación de trenes. Ahí fue que me enteré, de que nos teníamos que subir a un tren.
Me encanta andar en tren, ya solo estaría feliz con un paseo sentada en la ventana mirando los árboles moverse.
Llegamos a la estación central, compramos los boletos, y nos salimos, hacia algún lado.
-¿A dónde vamos? -le pregunté
-No te voy a decir.
-¿A dónde vamos? dale -le pregunté otra vez.
-Comete esta manzana y no jodas.
Y así estuvimos, durante dos horas de camino en tren.
Cuando llegamos, me hizo bajarme rapidito y no me dejó mirar mucho para los costados. Medio corriendo y no dejándome ver nada, me subió a otro ómnibus. Mientras andábamos por esa ciudad, me preguntaba a dónde estaríamos yendo, pero ya no se lo preguntaba a él, ya había entendido que no iba a decirme nada.
Nos bajamos del ómnibus, y cuando miré hacia adelante, solo veía cielo, agua, y un barco grande que me tapaba el horizonte.
-Ahí vamos, me dijo.
Nos subimos al barco y encontramos el lugar más lindo de todos para sentarnos. El viento nos hacía voler el pelo, y las olas nos salpicaban.
El artista sacó un libro que traía en la mochila "Von Hamburg nach Helgoland", desde Hamburgo a Helgoland.
Las dos horas en el barco las ocupamos entre leer el libro, y comer pescado ahumado con pan, nuestra comida favorita de los últimos días.
Después de tener además, que cambiar a barquitos más chiquitos para poder ir hasta tierra, llegamos a Helgoland, a la única isla ubicada en alta mar, con una geología que yo creo nunca antes haber visto.
En la isla hicimos lo que más nos gusta hacer, caminar sin saber muy bien a dónde estamos yendo, sacar muchas fotos, comer y besarnos mucho.
Fue uno de los días más lindos que recuerdo, uno de esos días en que tengo una sonrisa en la cara que no se va ni aunque quisiera.
A veces me pregunto si el artista estará tan enamorado de mí como yo de él. A veces me respondo que eso no importa, a veces siento que solo con mi amor alcanza. Y otras veces, como ayer, me siento la mujer más amada de todas las islas.

12 de septiembre de 2012

primer beso

Mi corazón saltaba de alegría, le di todo lo que me pesaba, y nos vinimos para casa.
Con la ansiedad que me caracteriza, sobre todo a la hora de los regalos, apenas llegamos empecé a desarmar mi valija y a mostrarle todo lo que había traído. Le di su regalo, y la grappamiel que me había encargado.

Ya no me acuerdo qué pasó después, no sé si comimos algo o no, mi siguiente recuerdo, ya era de noche, estábamos sentados en mi sillón, con dos vasitos chiquitos, brindando por mil cosas diferentes, una atrás de la otra: por Nati, por Vicky, por Uruguay, por Alemania, por el amor, por hacer el amor, por la comida, por la grappamiel, por sus ex novias, por mis ex novios.

El resto de la noche es una nube borrosa, linda, fea, rara. En algún momento, acostados en el sillón, con la botella vacía, nos besábamos durante horas, o minutos, ya no lo sé, perdimos la noción del tiempo.
Recuerdo pensar, "qué feo besa", y también me acuerdo de no estar segura de si era él el que besaba mal, o de si yo tenía la boca dormida. Cuando estoy borracha, se me duermen los labios. -¿Seré yo? -pensaba.

Acostados en el sillón, después de habernos besado durante algún tiempo, nos preparamos para dormir.
-¿Me voy a dormir a mi cama o me quedo? -le pregunté
-Como quieras -me dijo mientras se acomodaba
-¿Pero vos qué preferís?
-Quedate -me respondió.

Y esa fue la primera vez que nos besamos, y durante mucho tiempo, pensé que también había sido la última.

uruguay

Cuando ya hacía unos dos meses y medio que conocía al artista, se acercaba la fecha de irme a Uruguay a visitar a mi familia y amigos, mis calles, el Parque Central, mi cuarto y mi cama.
Nos vimos el día anterior a mi partida, y él, precavido, y sabiendo que probablemente el día de mi vuelo no tendría tiempo de acompañarme al aeropuerto, me dio un regalo envuelto en un papel azul, al que le había pegado otro pedacito de papel marrón encima en donde había escrito mi nombre con una pluma y tinta china.
-No lo abras hasta navidad -me dijo. Y conociéndome, tuvo que hacerme prometerle de mil formas que no lo iba a hacer, porque era un regalo para la navidad. Obvio que lo abrí antes. Y lo volví a cerrar, y lo puse en el arbolito para la noche buena.
Casi cada día, el artista y yo nos mandamos mails, contándonos lo que hacíamos, cada uno en su casa, con su familia.
Él se la pasó cocinando, horneando galletitas y pintando. Andaba triste. Se sentía solo, perdido, nada le venía bien. Yo me sentía inútil por no poder ayudarlo, por estar tan lejos, y se lo dije, a lo que me respondió:
"No sos inútil,
sos una buena amiga."

Cada vez que pasé por Trsitán Narvaja quise comprarle miles de cosas, que él también se merecía un regalo de navidad. Al final le compré algún libro de borradores de Breccia. Quise haberle comprado una versión del Eternauta dibujada por él, pero no la encontré.

El més y medio en Uruguay se pasó rápido, y llegó el día de volver. Ese día, como en cada despedida, sentí esa mezcla de alegría, tristeza, nostalgia.
Durante todas mis escalas, leía un libro de Mary Higgins Clark que mamá casi me obligó a traerme, pero mientras eso, solo pensaba en llegar a Hamburgo para terminar de leer 2666 con el artista.

Llegué al areopuerto a las 3 de la tarde, y caminaba con mis valijas pensando en cómo iba a hacer con tanta cosa para tomarme el tren hasta casa. Y ahí lo vi, sentado, abrigadito, con una sonrisa hermosa y los ojos brillantes, esperándome.

11 de julio de 2012

Postales


La segunda vez que fui a la casa del artista, me encontré con que arriba de su escritorios tenía un par de postales. No me acuerdo si eran postales que había recibido, o que estaba por mandar, pero de cualquiera de las dos formas, me pareció tan lindo, tan tan lindo. Yo siempre fui de escribir cartas, un montón, a amigos, a mi novio, a mi familia, pero siempre esas cartas que se dan en la mano. Nunca había mandado ni recibido nada por correo. Me pareció tan lindo, las estampillas, la fecha, la dirección, el código postal. Qué triste pensé, que la mayoría de los uruguayos seguramente no saben el código postal en el que viven.
Le dije, que me parecía hermoso el hecho de que acá, tan primer mundo como es, todavía se usara la costumbre de mandarse postales, y le conté, que yo nunca había recibido una postal.
Salí de su cuarto y él se acercó con un papel y una lapicera: -escribí tu dirección-, me dijo.
Dos días después, llegué a casa y arriba de la mesa me esperaba una foto en blanco y negro, con la leyenda "Hay que vivir en Hamburgo". La di vuelta, y la leí mientras el corazón me sonreía:
"Qué honor que es escribir y mandarte el primer postal de tu vida. Pues te deseo que no habrá sido el último. Tené presente que para recibir cartas, hay que mandar cartas. Beso"
Y así lo hice, yo también mandé cosas, para poder seguir recibiendo cosas, y hoy soy feliz cada vez que abro el buzón y me encuentro sobres con mi nombre.

¿Alguna vez sintieron la sensación de recibir algo lindo por correo? No saben lo que se están perdiendo. Los invito a intercambiar postales/fotos/dibujos/pedazos de caja/pegotines/cds, lo que sea que se les ocurra mandar, a lo que atrás le peguen un papel blanco, le escriban algo,  y al costado mi "nombre" y dirección:


I.
Bellealliancestraße 64C
c/o Rathe
20259 Hamburg
Germany

Pd. En ningún país cuesta más de US$ 2 mandar un sobre que pese menos de 20gr.

4 de julio de 2012

¿alguna vez estuviste enamorado?


¿Alguna vez estuviste enamorado? ¿Conocés esa sensación de que el mundo se reduce a tu cama, a la almohada compartida, a rozar sus piernas por abajo de la frazada y escuchar su respiración cortada y el calor de su aliento en tu oreja? Ojalá sí. 
A mí me pasó una sola vez, y no sabía que el amor te puede llevar desde la felicidad más grande, la sonrisa más sincera en la copa del árbol más alto, a la desolación más deprimente, o viceversa, en cuestión de segundos, a raíz de palabras, de una mano que te suelta o un beso que no te dan. 
A veces me pregunto, cómo puede ser, que todos planeamos tanto nuestro futuro, nuestra carrera, el lugar en donde nos gustaría vivir, las cosas que queremos hacer, los cursos que queremos explorar, la cámara que algún día nos vamos a comprar para conocer nuevas técnicas; no sé, todo, cuando en realidad, lo que más importa es el amor. Yo no lo sabía, y me acuerdo de tantas veces haber dicho "nunca dejaría de hacer nada por un hombre". Qué ingenua era. El amor lo puede todo, por amor se hace cualquier cosa, cualquier cosa, y el que piense lo contrario, entonces nunca sintió algo así. Porque el amor es la cosa más linda del mundo, y también la más destructiva. 
Qué triste el hecho de que el corazón parece estar más vivo cuando se sufre, cuando vivís en la incertidumbre del qué sentirá la otra persona. Eso de que cada actitud del otro la tomás tan personal que llegás a plantearte cientos de películas en tu cabeza. Y que cuando el amor se corresponde, esa etapa de vivir en una nube se acaba rápido, porque después ya sabemos los dos que nos queremos, ya sabemos que nos tenemos, ¿y en dónde queda el misterio? 
Sueño con un amor infinito, y no me refiero a infinito en el tiempo, sino en calidad, en amar tanto que nada más importe, pero que me amen en igual medida. 
Porque llegué a la puta conclusión, de que cuando el amor te hace feliz, el resto del mundo no importa, pero la mierda es que cuando te rompen el corazón, el resto del mundo tampoco importa, y solo estás vos, tu almohada, las miles de lágrimas y los pedazos de ese corazón que está hecho mierda.

28 de junio de 2012

el día después

Al día siguiente me levanté a desayunar, y mientras tomaba un trago de aquel café sin azúcar, sin avisar, un montón de lágrimas empezaron a salir de mis ojos. Sin decir nada me levanté y me vine a mi cuarto y como si hubiese estado aguantando ese llanto por años, apoyé mi cara en la almohada y decidí dejar que todo saliera.
Esa misma noche me decidí a llamarlo. Le dije que todo lo que le dije había sido una boludez, que se olvidara, a lo que solo me respondió preguntándome cómo había sido mi día. Le mentí, como tantas otras veces, y me despedí con un "nos hablamos".
Al día siguiente le mandé un mensaje invitándolo a la fiesta del amigo de un amigo, pero me dijo que no podía. Sentía que nunca más íbamos a volver a estar como esos primeros dos meses de amistad, y estaba enojada conmigo misma por haberlo arruinado todo.
Esa noche fui sola a la fiesta y fingí la mejor sonrisa toda la noche. A las 5 de la mañana caminé hacia el tren para volver a mi casa, y me acuerdo todavía del dolor en el pecho que sentía con cada paso que daba.
El domingo me desperté y llamé a una amiga para ir al Mercado Navideño. A las 3 de la tarde, caminábamos por la estación, y le pregunté:
-¿Cuándo voy a dejar de estar triste? ¿Cuándo?
-Dicen que la tristeza dura la mitad de lo que duró la relación- me respondió ella
En ese momento, como juego del destino, sonó mi celular, y cuando vi su foto, algo me recorrió el cuerpo, y empecé a temblar, una sensación entre miedo, dudas, alegría. Cortó antes de que pudiera atenderlo, y en seguida volví a llamarlo.
-Hola, ¿vamos al teatro a las 5?
-Dale, vamos- le respondí, sin preguntarle ni siquiera qué íbamos a mirar.
Y nos encontramos en la puerta del teatro, me esperaba solo, con las dos entradas en la mano. "Fleisch ist mein Gemüse" fue la obra, pero tampoco me importaba demasiado.
A la salida, nos tomamos juntos el tren, y yo me bajé antes mientras él seguía a lo de un amigo. Antes de bajarme le conté:
-Mañana voy a cocinar capelettis con carusso.
-Ah dale, voy a tu casa entonces, te llamo mañana.
Nos saludamos con un beso y sentí en ese momento que las cosas sí podrían volver a ser lo de antes.

27 de junio de 2012

lo q sentía

A mediados de noviembre, dos meses después de conocer al artista, fue la primera vez de algo que se ha convertido en una rutina, pero de las lindas.
Estaba acostada en su sillón, leyendo un libro de Liniers, mientras él hacía algo en la computadora. Después de un rato, se aburrió de lo que estaba haciendo, y vino como siempre, a molestarme, pero yo estaba re divertida leyendo "Macanudo", así que no le di mucha bola, y no le quedó otra que sacar su cuaderno el de hojas marrones, la pluma, la tinta china, el pincel, el agua, y sentarse en una silla contra la pared a dibujarme.
De esa noche salieron dos dibujos, uno que está colgado en mi pared, y otro guardado en alguna de sus carpetas.
Ese día también fue la primera vez que intenté decirle algo al artista, pero como siempre que quiero decir algo importante, mis pensamientos se cruzan, las palabras se entreveran, y termino diciendo cosas que poco tienen que ver con la idea inicial.
Le dije que sentía que estábamos pasando demasiado tiempo juntos, que no había habido ni siquiera un día en el que no nos hayamos visto desde que éramos amigos, que me confundía con sus actitudes tan lindas -con eso me refería a que el día que llegué de Italia, me trajo a casa el fragmento un libro que él imprimió y encuadernó con hilo y aguja, o a la lata con galletitas navideñas que me regaló un par de días después-. Le dije que esas cosas me confundían, que no las entendía, y tratando de retener las lágrimas en mis ojos le dije que me quería ir de su casa. Me abrazó y me dijo que lo llamara cuando me sintiera mejor, pero antes de que pasara la puerta, me dijo que me llevara un CD que me había grabado.
Me acuerdo de haber llorado en el tren camino a casa, y ni bien llegué, puse el CD en el equipo que en ese momento todavía tenía en mi cuarto. The Moldy Peaches: "You are a part time lover and a full time friend...I don't see what anyone can see, in anyone else, but you", decía la primera estrofa de la primera canción de ese álbum. No lo pude seguir escuchando, lo apagué, y me tiré en la cama así vestida como estaba, y me desperté 10 horas después, con el dolor más raro que nunca había sentido en el pecho.